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Microhidroeléctricas comunitarias: modelo de desarrollo sostenible fundamentado en las energías renovables y la gestión integral de cuencas hidrográficas

Uno de los problemas estructurales prioritarios de la República Dominicana es la provisión eléctrica, puesto que, a pesar de los avances tenidos en los últimos diez años, el servicio eléctrico presenta todavía elementos de baja estabilidad, calidad reducida y provisión insuficiente. Recientemente el acceso a la electricidad ha alcanzado el 100% en las áreas urbanas, aunque esto no implique una garantía de continuidad del servicio, mientras que alrededor del 3% de las áreas rurales todavía quedan desconectadas.

Dicho panorama es inconmensurablemente peor en Haití, especialmente luego del recrudecimiento de la inseguridad y el empeoramiento de la situación socioeconómica.

Afortunadamente, frente a esta situación, la isla Hispaniola posee condiciones geográficas, fisiográficas y climáticas idóneas para el aprovechamiento de fuentes renovables, entre las cuales la generación hidroeléctrica a microescala. Situaciones favorables y sinérgicas han empujado un proceso que se ha convertido en el motor para resolver el problema del acceso a la electricidad de poblaciones vulnerables en áreas rurales aisladas.

El origen del modelo de las microhidroeléctricas comunitarias fue un sistema piloto de 3.5 kW de potencia, que fue instalado en 1998 en la comunidad de El Limón, en la provincia San José de Ocoa (porción sureste de la Cordillera Central). El sistema, que luego de 15 años fue ampliado, brinda electricidad a 70 hogares y, a pesar de la potencia extremadamente reducida, logró generar impactos positivos significativos, incluyendo el acceso a Internet: en el 1998 El Limón fue la primera comunidad virtual de la República Dominicana.

A partir de esta primera experiencia, muchos otros proyectos empezaron: El Limón inició un programa de intercambio de experiencias, mediante el cual representantes de la comunidad se desplazaron hacia más de cincuenta comunidades para dejar conocer su proyecto y, a la vez, levantando informaciones sobre sitios potencialmente aprovechables para la generación microhidroeléctrica. De esta manera, en los diez años que siguieron la puesta en funcionamiento de la microcentral de El Limón iniciaron otros treinta proyectos de esta naturaleza, hasta alcanzar la situación actual, dónde 56 sistemas han sido puestos en marcha y otras diez iniciativas están siendo ejecutadas.

Todo el proceso pudo ser implementado gracias a la conformación de una plataforma multi actores, procedentes de todos los sectores de la sociedad, quienes, bajo la coordinación de Guakía Ambiente y el Programa de Pequeños Subsidios (PPS-SGP) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y bajo un enfoque de empoderamiento local, trabajan de manera sinérgica para apoyar los procesos de desarrollo asociados a la instalación de estos sistemas.

En más de veinte años de experiencia, las micro hidroeléctricas comunitarias han demostrado ser un modelo innovador de intervención orientada al desarrollo sostenible y la transición energética justa, fundamentado en el empoderamiento comunitario y la participación de numerosos actores, que se coordinan para alcanzar un objetivo común.

De esta manera, la respuesta a una necesidad fundamental de poblaciones vulnerables, orientada a garantizar una transición energética justa, se convierte en el motor que impulsa el desarrollo de medios de vida sostenibles y la gestión integral del territorio, siendo el punto de partida para la seguridad energética, hídrica y alimentaria.

El proyecto es el espacio en el cual, a través del principio de aprender haciendo, se fortalecen los capitales de la comunidad, la cual, usando de una manera sostenible los recursos naturales existentes en su territorio, adquiere un sentido de apropiación hacia los mismos, convirtiéndose en veedora de ellos y generando impactos positivos sobre el medio ambiente, desde lo local hasta lo global.

La participación en paridad de condiciones con otros socios (instituciones gubernamentales, sector empresarial, agencias de la cooperación internacional, entidades de la sociedad civil) hace que los grupos comunitarios organizados mejoren su autoestima y nivel de confianza, abriéndose espacios para seguir impulsando su desarrollo.

Durante la implementación del proyecto, se lleva a cabo un proceso de construcción de capacidades que, respondiendo a las actitudes y aptitudes de la población local, crea las bases para que la comunidad esté en la capacidad de usar su sistema de generación eléctrica y mantenerlo en el tiempo.

Todo esto se refleja en la sostenibilidad del sistema energético, el cual, luego de su instalación y entrada en funcionamiento, es manejado de manera autónoma por la comunidad, la cual, gestiona tanto el componente administrativo como el técnico, contando con el respaldo de una red nacional surgida para fortalecer las iniciativas comunitarias.

Finalmente, estas iniciativas se vinculan con ejes transversales como la equidad de género y la gestión integral de riesgo, temáticas que son abordadas a partir de la toma de conciencia de parte de la comunidad de su relevancia para alcanzar el objetivo consensuado.

Características técnicas de la propuesta

Actualmente en el país y zona fronteriza de Haití han sido puestos en marcha 56 sistemas microhidroeléctricos, con una capacidad individual entre 3.5 y 156 kW, para una potencia total instalada que supera los 1.5 MW.

Los sitios de instalación cuentan con saltos aprovechados de entre 37 y 150 metros.

El tipo de turbina prevalente es Pelton, habiéndose instalado equipos de tipo Francis, Turgo y Mitchell-Banki. Las microhidroeléctricas instaladas son sistemas aislados, que cuentan con redes de distribución que superan los 350 kilómetros de longitud total.

Cada sistema posee una obra de captación, para la canalización del agua, un desarenador con su filtro de tipo aquashear, una línea de tubería en PVC (SDR41 y SDR26) y hierro (cuyo diámetro, dependiendo del sistema, varía de 6 a 20 pulgadas), y un cuarto de máquinas. Todas las obras civiles son realizadas en hormigón armado y/o block de cemento.

Al terminar los trabajos de construcción y puesta en funcionamiento, cada comunidad queda capacitada para la gestión autónoma sostenible del sistema: durante el desarrollo del proyecto por lo menos dos personas de la comunidad, generalmente jóvenes, son formados para el mantenimiento técnico y la reparación de la microhidroeléctrica; además, se conforma un comité hidroeléctrico, que bajo la coordinación de la organización comunitaria, lleva a cabo la administración del sistema, manejando el fondo que se alimenta con las cuotas que cada usuario paga mensualmente por el servicio de electricidad.

Procesos productivos, comunitarios, ambientales, o actividades económicas que fueron impactadas de forma positiva con la implementación de la experiencia comunitaria de TEJ

Estos sistemas contribuyen a reducir la degradación de tierra, asumiendo la comunidad el compromiso de proteger las cuencas productoras del agua usada para la generación: más de 7000 hectáreas de tierra son conservadas y/o restauradas. Esta acción, junto con la generación de electricidad desde una fuente renovable, contribuye a mitigar el calentamiento global, mediante más de 25000 toneladas de CO2 evitadas y/o absorbidas anualmente.

Entre los impactos socioeconómicos relevantes están: reducción del gasto familiar en más de un 60%, contando además con acceso a una fuente energética de calidad; apertura a emprendimiento de negocios, con generación de empleos locales; facilidad del estudio en horas nocturnas y mejora del rendimiento escolar; establecimiento de programas de alfabetización para adultos; facilitación del trabajo doméstico para las mujeres e incremento de oportunidades para su participación en la vida social y política, gracias a la reducción del tiempo dedicado a los quehaceres domésticos; mejora de la conservación de alimentos y medicamentos que requieran refrigeración; fortalecimiento del capital social de la comunidad; incidencia en la política energética nacional.

Finalmente, el éxito del modelo ha promovido intercambios de experiencias e iniciativas de cooperación sur-sur con otros países de la región, entre los cuales, Haití, México y Venezuela.

Personas beneficiarias de la experiencia

11.050 mujeres, 10.950 hombres, 3.700 adolescentes y jóvenes (entre los 12 y 18 años), 3.500 niñas y niños (entre los 0 y los 12 años)

  1. 4500 hogares y más de 22000 personas de áreas rurales vulnerables cuentan con acceso a la electricidad limpia, las 24 horas del día, mejorando su nivel de vida, a través del emprendimiento de nuevos negocios ligados al uso de la electricidad, el acceso al Internet y a medios tecnológicos que utilizan la electricidad, el acceso a oportunidades formativas, entre otros beneficios.
  2. Más de 25,000 toneladas de CO2 evitadas y/o absorbidas anualmente y más de 7000 hectáreas de tierra restaurada y/o conservada.
  3. Ahorro anual de más 8.5 millones de dólares para el estado dominicano en gasto de combustible.

La implementación de estas iniciativas ha conllevado muchos desafíos. Sin embargo, encontrar la solución a cada uno de ellos ha constituido el verdadero aprendizaje, que ha convertido estos sistemas en un modelo de desarrollo local integral y sostenible.

  1. La primera dificultad estuvo asociada a la novedad de la experiencia: aunque la tecnología microhidroeléctrica era bien conocida y experimentada, al principio, aplicarla con un enfoque comunitario representó un desafío significativo, puesto que no se contaba con los conocimientos suficientes para orientar efectivamente a los grupos comunitarios participantes. Con el tiempo, tanto las comunidades como el equipo acompañante adquirieron la experiencia suficiente no solamente para garantizar la calidad técnica, sino también para fortalecer los capitales de la comunidad, asegurando así su capacidad de manejar el sistema, una vez finalizada la construcción.
  2. Otro desafío significativo fue la canalización de fondos para completar la instalación y puesta en marcha de cada microhidroeléctrica. En efecto, en los primeros años, cuando estos sistemas eran relativamente nuevos y la experiencia no era conocida, tomaba mucho tiempo conseguir todos los fondos necesarios y el resultado era que cada proyecto duraba mucho. Con el paso del tiempo, bajo la coordinación de Guakía Ambiente y el PPS-SGP/FMAM/PNUD, se ha logrado conformar una amplia plataforma multiactores, que aportan recursos para cada iniciativa, de acuerdo con sus objetivos estratégicos y posibilidades financieras, sabiendo que sus contribuciones se insertan en un proceso más que en iniciativas puntuales.
  3. Finalmente, un desafío importante ha sido el fortalecimiento organizacional de las comunidades beneficiarias, donde se ha tenido que trabajar para que las personas salieran de la “profesión de pobres”, adquiriendo la conciencia de sus capitales y comprendiendo que todo el mundo está trabajando en sinergia para conseguir un objetivo común, para el cual se requiere en primer lugar el esfuerzo y la dedicación de la comunidad.
Participación de mujeres en la experiencia comunitaria TEJ

Las microhidroeléctricas comunitarias transforman las oportunidades locales y la inversión social en un proceso de desarrollo integral fundamentado en el empoderamiento tanto de los hombres como de las mujeres.

El empoderamiento es logrado a través de la apertura de espacios de participación en el proceso de construcción y puesta en marcha de cada sistema. En esto, tanto los hombres como las mujeres participan de manera activa, sin jugar el mismo rol, sino más bien proporcionando sus capacidades, competencias y fortalezas en los campos que respondan a sus actitudes. Para romper con los esquemas sociales de una manera adaptadas a cada realidad local, en el proyecto se crean espacios para que las mujeres tengan la libertad de involucrarse en todas las actividades, a todos los niveles, sin prejuicios.

Los elementos habilitadores para lograr eso incluyen los siguientes:

1. Ruptura de la “segregación laboral”, superando los estereotipos de “roles masculinos” y “roles femeninos”.

2. Apertura del acceso de las mujeres a la gestión del proyecto.

3. Adaptación de los horarios a la agenda diaria de las mujeres.

4. Aplicación del principio de predicar con el ejemplo de parte del equipo acompañante.

5. Respeto de los tiempos de la comunidad y del contexto específico.

Además, el acceso a la electricidad crea las condiciones propicias para que las mujeres fortalezcan su participación en la vida social y política de la comunidad, puesto que la reducción del tiempo necesario para realizar los quehaceres domésticos les permite contar con la oportunidad de dedicarse a otras actividades. Finalmente, el esfuerzo que las mujeres, en paridad de condiciones, dedican a alcanzar el objetivo común de la construcción y puesta en marcha de la microhidroeléctrica incrementa su autoestima y mejora su posicionamiento dentro del contexto social de la comunidad.

Incidencia de la experiencia comunitaria de TEJ en política pública

El éxito de las microhidroeléctricas comunitarias las ha convertido en un modelo que el Estado Dominicano ha asumido para impulsar el desarrollo rural con un enfoque de integralidad y sostenibilidad.


Como impacto directo de la experiencia de las microhidroeléctricas comunitarias, el Estado Dominicano, a través de la Comisión Nacional de Energía (CNE), reconoce la prioridad de los aprovechamientos comunitarios respecto a proyectos privados de mayor envergadura. En efecto, el artículo 6, párrafo 1, del Procedimiento Complementario para la Autorización de Proyectos Comunitarios” (https://www.cne.gob.do/wp-content/uploads/2015/11/CNE-AD-0005-2014.pdf) afirma: “Una vez registrado el proyecto comunitario en área específica, la CNE, antes de otorgar una Concesión Provisional y/o Definitiva para la realización de proyectos de Energías Renovables a gran escala, deberá salvaguardar la integridad de los proyectos comunitarios registrados, garantizando así que estos no sean afectados por la realización de proyectos a gran escala, en los predios del área del proyecto registrado”.


Además, el Ministerio de Energía y Minas (MEM), a través de su Dirección de Electrificación Rural y Suburbana (DERS), reconoce a las microhidroeléctricas comunitarias como una modalidad efectiva de electrificación rural a ser priorizada, cuando existan las condiciones para un aprovechamiento de esta naturaleza.

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