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Claves de la participación en la transición energética justa: una propuesta desde la Ecoaldea Mi Tribu

Área de Transición
Energética Justa

  • Eficiencia energética
  • Cambio de patrones de uso y consumo energético
  • Relaciones que integran diversos usos de la energía

El llamado a conformar la comunidad inició en enero de 2020 a través de redes sociales y la colaboración de la Ecoaldea Aldea Feliz. En enero de 2021, un año después, conformaron la Asociación Mi Tribu como una entidad sin ánimo de lucro y formalizaron la adquisición de un terreno de 53 hectáreas en La Vega, Cundinamarca.

Esta región presenta alta concurrencia de turismo masivo y un aumento de proyectos habitacionales para fincas de recreo y condominios, todos ellos altamente impactantes en los servicios ecosistémicos. En este contexto, hay una alta presión sobre las microcuencas, los bosques y la biodiversidad. Es así como en medio de este contexto socio-económico, fundar una ecoaldea basada en la propiedad colectiva de la tierra y con un sistema interno de gobernanza inspirado en la sociocracia, ha sido una apuesta disruptiva.

Esta experiencia se ha centrado en el aprendizaje colectivo y el desarrollo de estrategias efectivas de  participación comunitaria para la planeación y toma de decisiones, como un previo indispensable hacia la transición energética. 

Para ello han:

  1. Promovido procesos de autoconocimiento, como proceso individual que se alimenta del colectivo y lo nutre de vuelta.
  2. Acogido algunas prácticas de innovación social como las mingas y/o convites y las denominadas «mingas de pensamiento».
  3. Adoptado la sociocracia, la comunicación compasiva, los círculos de verdad y círculos de palabra como prácticas sociales innovadoras que generan flujos efectivos de información y toma de decisiones.
  4. Desplegado una metodología participativa dirigida al ordenamiento y zonificación del territorio que habitan, La Flora, tomando como referente la ética y principios del diseño permacultural en 7 ejes: aspectos biofísicos, gobernanza comunitaria, finanzas y economía, salud y bienestar, educación y cultura, tecnologías y construcciones.

En esta etapa aún no cuentan con prototipos instalados para la generación de energía. Sin embargo, resaltan el esfuerzo ontológico, epistémico, técnico y metodológico de la comunidad para planificar un sistema de organización del territorio en función de determinantes ambientales (sociales, culturales, económicos y biofísicos). Esta ha sido una puesta en práctica del pensamiento complejo.

Comunitariamente valoran los avances en su sistema de toma de decisiones. Consideran que la consolidación de experiencias sustentables de transición energética justa involucra, necesariamente, procesos participativos sólidos que respalden el futuro de la transición. Por ello, están trabajando, experimentando y probando instrumentos de participación que les permitan canalizar y organizar la acción colectiva. 

En su experiencia también está siendo muy importante la generación de acuerdos para desarrollar emprendimientos económicos con sentido. En su horizonte a 5 años está la generación de energía autogestionada para revitalizar la economía local, la cualificación de conocimientos y capacidades y la disminución de las tarifas en el servicio.

Personas beneficiarias de la experiencia
  • 34 familias
  • 38 mujeres
  • 25 hombres
  • 12 NNA (Niños, niñas y adolescentes)

Gracias a la acción colectiva pueden nombrar varios impactos:

  1. El acceso a un terreno de 53 hectáreas, abundante en recursos naturales, que hoy por hoy les brinda calidad de vida, lo que no hubiera sido posible a través de esfuerzos individuales.
  2. Desde el año 2021 han generado alrededor de 10 contratos por prestación de servicios y en 2023 lograron generar 2 contratos directos.
  3. Los ejercicios de diseño y planeación participativa les han permitido avanzar en el proceso de transición de manera organizada, consciente, previniendo posibles re-procesos por vacíos de información o de acuerdos colectivos.  El carácter mismo de su organización les facilita retroalimentar los procesos de manera sistemática, les permite tejer redes de intercambio. Todo ello beneficiará también la dimensión económica de la transición, haciendo que los costos de instalaciones y operación estén mejor enfocados. 
  4. El acceso a productos y servicios gracias al intercambio de saberes de los mismos integrantes de la comunidad. El paradigma económico que están construyendo trasciende la dimensión monetaria de la riqueza.
  1. Consolidar el propósito y la misión de esta colectividad como entidad sin ánimo de lucro con un patrimonio que supera los 2.200 millones de pesos a 2023. Nuestro plan estratégico 2023-2028, co-creado en junio de 2022, recibió el título «Una cultura de transición» y consta de 17 grandes metas en los ámbitos del territorio, la economía, la gobernanza y el desarrollo humano.
  2. En dos años han logrado generar, de forma autogestionada, 2 empleos directos y alrededor de 10 vinculaciones por prestación de servicios, que les han aportado en temas de planeación, estudios de topografía, hidrología y biodiversidad, además de las primeras construcciones en guadua (un kiosco, baños secos, vivero) y restauración de dos viviendas antiguas.
  3. Han fortalecido sus conocimientos y capacidades a partir de más de 40 encuentros de formación, talleres, mingas (o convites) e intercambios en temas claves como: sistemas agroforestales, bioconstrucción, permacultura, agroecología, sistemas de certificación en construcción sostenible, comunicación no violenta y sociocracia.

Ha significado un gran reto desaprender creencias y patrones de la cultura capitalista e individualista, para aprender nuevos modelos desde la cultura del Buen Vivir. Resaltan algunos desafíos concretos:

  1. Cambiar la percepción negativa sobre el conflicto y poder verlo como algo natural y necesario que permite aprender y crecer desde la diferencia. No buscan evitar el conflicto, sino más bien poder gestionarlo.
  2. Cambiar la relación con el dinero y el «tener» para pasar a un paradigma de abundancia.
  3. Cambiar la creencia de la separación (o dualidad) y transformarlo en un paradigma de unidad y relación sistémica.                      
  4. Tienen también varios desafíos en la dimensión tecnológica asociada al diseño y puesta en marcha de sistemas de energía renovable, pues requieren soluciones prácticas adaptadas a nuestro proyecto y ajustadas a nuestra capacidad económica. En este sentido, valoramos la iniciativa de esta convocatoria que nos permitirá intercambiar experiencias diversas para cualificar los procesos de transición energética.

La cuota de género supera el 60% de su comunidad (32 mujeres y 19 hombres mayores de 25 años, más 12 niños, niñas y adolescentes – en total 63 personas). En el modelo sociocrático «todas las voces son escuchadas» para soñar, trabajar, aprender y acompañarse. Las mujeres tienen roles de liderazgo como la coordinación y vocería de células de trabajo, promovemos la formulación de proyectos y la gestión de recursos.

Ya establecieron una comunidad de crianza para que sus niños, niñas y adolescentes aprendan jugando a su lado y desarrollaron estrategias para que su voz sea acogida en los procesos que llevan a cabo.

Su experiencia está alineada con políticas y programas del orden nacional y departamental como: el programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para productores de Guadua en Cundinamarca (hacen parte del nodo Gualivá); la política Nacional de Biodiversidad (realizaron un estudio de biodiversidad local); participaron en los encuentros de socialización y ajuste del Pomca del Río Negro-Cundinamarca. Están iniciando apoyos a la Junta de Acción Comunal para la formulación del Plan de Desarrollo Veredal.